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jueves, 13 de noviembre de 2014

Las Tardes

Las tardes


¿De quién serán las tardes cuando dormimos? La luna florece como un tímido bostezo que nos dibuja en colores, pero colores que se apagan lentamente y nos llevan a un mundo secreto y cálido. La atmósfera enmudece y las palabras quedan allí, flotando en una nube incierta y perecedera. ¿Y si los planes debieran ser secretos? ¿Y si todo fuera un pacto implícito y taciturno? Tal vez deberíamos fluir junto a las aguas providenciales, dormir y soñar y despertarnos y vivir. Tal vez en lo inconexo estén las respuestas, esas que fingimos no buscar pero que buscamos implacablemente, esas que a veces duermen la siesta como nosotros. Y esta búsqueda es promisoria, y de a ratos se torna inevitable. Y las preguntas surgen como surgen las palabras, y quizás duerman en las mismas nubes. Pero nunca lo sabremos, y quizás lo cruel sea eso, saber que se agitan encima de nosotros en sincronía cómplice, viéndonos dormir y soñar y despertarnos y vivir, viéndonos buscarlas incansablemente, y divirtiéndose como si jugaran a las escondidas. Y nosotros, que somos como dos niños, contamos hasta cien y las buscamos, y a veces encontramos una escondida ingenuamente, y cuando empezamos a creer que por fin estamos por ganar, siempre aparece alguna, y piedra libre para todos mis compañeros, y a esconderse nuevamente y nosotros a contar. Y así pasan las tardes, nuestras tardes, y así es como nos empeñamos en vivir y soñar al mismo tiempo. Con las piernas entrecruzadas y los labios resecos.





Alejandro Di Donato

jueves, 11 de septiembre de 2014

Manos de Marfil

Desplazo mis dedos sobre tu cuerpo y te acaricio lentamente, sintiendo la más maravillosa música jamás interpretada. Te recorro sigilosamente, en busca de bemoles y sostenidos, de armonías arquitectónicas, de melodías imposibles.

Te beso con mis manos, nota por nota, acorde por acorde, improvisando -como casi siempre-, persiguiendo la incomprensión de las composiciones heterodoxas, dejando los prejuicios de lado. Tus sonidos me atrapan. Tus notas me sumergen en un mar de futuro, como si salieran de tu alma con el simple propósito de mantenerme buceando en ese océano calmo y tempestuoso, breve y eterno.


Y mis manos sin tu cuerpo no existen, y tu cuerpo sin mis manos no suena. Y ambas juegan sin miedo, expresándose, descubriendo sonidos tiernos y oscuros a la vez, y así sucesivamente, siempre soñando con alcanzar la perfección, con lograr una obra maestra digna de tu belleza romántica.


Alejandro Di Donato