martes, 23 de mayo de 2017

La toma tiene cara de mujer (…y la opresión, la cara del Estado)


Desde el primero de febrero, la empresa Textil Neuquén se encuentra tomada por sus obreras, después de un intento de cierre aludiendo una supuesta quiebra. El Decanato de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Comahue, en Río Negro, se encuentra tomada también, en este caso por parte de trabajadoras de limpieza tras ser “desafectadas” en lo que se prevé un intento de avance de la tercerización de tareas no docentes. Movimiento de lucha obrera con rostro de mujer frente a un Estado cómplice en situaciones de precarización laboral y beneficios patronales.

En Lo Menos Pensado conversamos con Victoria Naffa Prieto, abogada de las trabajadoras de limpieza en lucha de la Universidad de Comahue (UNCO) junto con Noelia Prieto y Marina Catilao, trabajadoras de Textil Neuquén. Puntos en común de trayectorias colectivas en tiempos de ajuste.

Noelia (Textil Neuquén): Nosotras teníamos tres semanas de vacaciones (salimos todas juntas al mismo tiempo). Una semana antes de que se terminaran, el día martes 31 de enero, nos enteramos que estaban saliendo camiones cargados de la fábrica. Entonces se vinieron todas mis compañeras afuera de la fábrica para pedirle explicaciones al dueño. En ese momento nos dijeron que ya sabíamos que iba a cerrar la fábrica y que eso no debía ser algo sorprendente para nosotras.

Nosotras en diciembre ya habíamos hecho denuncias en la Subsecretaría de Trabajo, donde pedimos que vinieran a constatar todo lo que había en la fábrica porque el dueño ya venía amenazando con esto. Y él dijo a la Subsecretaría que nosotras estábamos locas, que él no pensaba cerrar la fábrica y que todo lo que decíamos era inventado.

Nos quedamos esa noche haciendo vigilia. Mientras tanto, los dueños se quedaron dentro de la fábrica, no podían salir porque estábamos todas las obreras afuera, esperando a que salieran a decir algo. En un momento vino la policía a increpar a las trabajadoras. En ese momento se ve que sacaron a los dueños (los hermanos Huerta) por atrás de la fábrica..

Recién al otro día pudimos ingresar a la fábrica gracias a un guardia que nos abrió el portón. Lo primero que se hizo fue realizar las denuncias correspondientes y se trajo a un escribano para constatar lo que había en la fábrica, para no tener problemas legales después.

Cuando entramos, el primero de febrero, nos encontramos con la fábrica totalmente vacía. Fue una desesperación ver que las maquinarias no estaban. Hacía once años que estábamos trabajando acá y entrar y ver que se habían llevado todo fue muy desesperante para todas las obreras.

Victoria (Abogada de Trabajadoras de Limpieza en Lucha): En abril pasado se despidió a diez trabajadoras de limpieza que el día anterior habían iniciado una protesta, una toma pacífica en el decanato. Exigían que las autoridades de la universidad clarificaran cual era su situación laboral, ya que hacía cinco meses que venían trabajando en negro.

El problema de fondo es que la limpieza en la Universidad Nacional de Comahue está tercerizada, al igual que en la mayoría de las universidades del país. Las tareas de limpieza son llevadas a cabo por empresas que contratan a personas en violación al convenio colectivo de trabajo no docente, que prevé el trabajo de limpieza como parte del trabajo no docente.

Las chicas venían hace meses reclamando que sean reconocidas en tal carácter, porque el conflicto había tenido un punto importante en el 2015, cuando fueron  despedidas por la empresa de limpieza para la que habían empezado trabajar. En ese entonces, iniciaron medidas de protesta. Tuvieron fuerte acompañamiento de varias organizaciones y la universidad se tuvo que hacer cargo de la reincorporación pero tercerizadamente. Las hizo constituirse como cooperativa y les hizo un contrato que duraría diez meses. Ese contrato venció en noviembre de 2016 y desde ese momento hasta abril, las chicas estuvieron trabajando en negro porque el contrato ya no tenía validez. Las autoridades de la universidad se negaron a firmar la prórroga del contrato, pero ellas seguían trabajando y de hecho siguieron cobrando hasta abril, pero en negro.

Hubo 27 días donde las clases fueron suspendidas por falta de limpieza porque precisamente las personas que realizaban la limpieza en la facultad habían sido despedidas.

La responsabilidad del Estado en el caso de las obreras textiles pareciera ser bien clara; en tanto que en relación con las trabajadoras de limpieza, parecería operar por la omisión o vía libre de acción de una avanzada contra el convenio colectivo de trabajo no docente.

Noelia (Textil Neuquén): La familia Huerta es dueña de todas las tiendas “Amici” del país. Inclusive tienen tiendas “Amici” en Chile. Ellos son grandes empresarios. Nosotras trabajábamos para el Gobierno. O sea, ellos hacían licitaciones para el Gobierno, porque le hacían la ropa a la policía, a las Municipalidades, a todos entes públicos de la Provincia de Neuquén. Su gran negociado era licitar para la Provincia, ganar las licitaciones, y eso era lo que nosotras producíamos. Por eso decimos que el Gobierno tiene mucha participación y mucha responsabilidad de que nosotras hoy estemos en la calle.

La Directora del IADEP (Instituto Autárquico de Desarrollo Productivo) tuvo que dar explicaciones sobre un préstamo que le habían otorgado a los hermanos Huerta. Ellos no devolvieron un peso de ese préstamo. Por eso, también decimos que el Estado tiene mucho que ver en esto. Porque ese crédito es de la Provincia, y la maquinaria que ellos se llevaron estaba prendada, y el lugar en el que nosotras estamos está hipotecado también. Entonces se le pidieron explicaciones a la Directora del IADEP, quien confirmó todo lo que veníamos diciendo desde hace tiempo. A los dueños de la fábrica les prestaron ocho millones, en 2010 tenían que empezar a devolver plata que nunca devolvieron, y así se han venido sosteniendo sin devolver un peso. En agosto del año pasado, esta gente renegoció el crédito en IADEP, y el Gobierno les aceptó que pagaran el crédito “en especias”. Ellos (los Huerta) con el Jefe de la Policía y el Ministro de Seguridad Lara, hicieron un convenio donde se establecía que parte del crédito iban a pagarla con ropa para la policía: eran ocho mil prendas para devolver siete millones y medio del crédito que ellos tenían, parte de lo que debían.

Así como le dieron préstamos a la familia Huerta para que pudieran hacer sus negociados, ellos (el Estado) tienen que responder por nuestros 36 puestos de trabajo.

Victoria (Abogada de Trabajadoras de Limpieza en Lucha): Es clarísimo que por un lado hay interés de tercerizar la limpieza en las universidades públicas y a las chicas las despiden justamente por denunciar este régimen de tercerización. Nosotras queremos tener los mismos derechos que el resto de los trabajadores. Porque como dicen ellas: “acá hay trabajadores de primera y de segunda”. Ellas han adherido a paros nacionales y se les ha descontado el día cuando a ningún trabajador docente o no docente de las universidades se les descuenta por adhesión a los paros. No solo eso sino que también les aplicaron una multa a la cooperativa que les implicaba un descuento a su salario. Esto es parte de la perversidad que tiene el sistema de tercerización

Ellos niegan que exista despido porque niegan relación laboral. Pero son despidos encubiertos, que fundamentan en la toma del decanato.

En este caso no se trata de un ajuste directo porque se contrató a otras personas o se desplazó a unas para contratar a otras. Pero sí hay una línea política que tiene que ver con la precarización del trabajo en función de la reducción de costos laborales. Y en este sentido, la consolidación del modelo de tercerización dentro de las universidades nacionales. Lo que nosotros vemos es un interés en ampliar la tercerización en tareas que corresponden a los no docentes como la vigilancia y el mantenimiento. Es decir que las chicas están dando una lucha que van en contra del sentido de los intereses de las autoridades.

El reclamo es claro y preciso: la recuperación de los puestos de trabajo para el sostén de las familias, sin embargo la toma de consciencia y la mano tendida de otras organizaciones sociales van dotando de un sentido más profundo estas experiencias de lucha, que dejan de ser particulares para comenzar a ser pensadas y vividas en colectivo con toda la comunidad.

Victoria (Abogada de Trabajadoras de Limpieza en Lucha): Las autoridades han decidido la semana pasada contratar a una empresa de limpieza que hoy está ocupando los puestos de trabajo que son de las chicas y concretamente ellas están exigiendo la reincorporación, pero una reincorporación que las reconozca como trabajadoras de la universidad a partir del reconocimiento del colectivo de trabajo no docente.

Noelia (Textil Neuquén) Nuestro reclamo desde el primer día fue el de recuperar nuestros puestos de trabajo. Somos 36 obreras, todas mamás y jefas de familia, con alquileres y todos los gastos que eso implica en una familia.

Si bien el panorama -en el marco de un claro plan de ajuste- por momentos parece desolador, la solidaridad entre los diferentes frentes a lo largo de todo el país se hace escuchar. Cada lucha se enlaza con otras, así se sostienen y se dan impulso.

Noelia (Textil Neuquén): Nos venimos sosteniendo con fondos de huelga que nos traen otros trabajadores solidarios como Zanón, Cerámica Neuquén, Stefani o Molarza. También vienen docentes referentes regionales. Hemos tenido la posibilidad de que muchos artistas se hayan acercado a colaborar solidariamente con nosotras. Hemos podido hacer festivales y así también juntar fondos de huelga. Acá tenemos la banca del PTS, que a través de Raúl Godoy que es el Diputado Provincial, nos ha ayudado mucho en lo económico, así como también para poder acceder a la Legislatura, que es un lugar donde los trabajadores no pueden entrar fácilmente.

Victoria (Abogada de Trabajadoras de Limpieza en Lucha): Desde un primer momento hay un fuerte apoyo y acompañamiento de la comunidad estudiantil, que de hecho están acompañando la medida de toma del decanato. Lamentablemente, el gremio docente y el no docente no han tenido una participación activa en conflicto en el sentido de que es un conflicto netamente sindical y no hemos visto el apoyo concreto de los gremios. El fundamento es el vínculo que esos gremios tienen con la patronal que son de las mismas listas políticas o comparten espacios políticos dentro de la universidad, lo que ha privado ese acompañamiento.

Lo que sí se ha dado en las últimas semanas es un fuerte acompañamiento de los sindicatos y las organizaciones sociales y de derechos humanos, tanto de Rio Negro como de Neuquén, que no forman parte de la comunidad educativa pero el hecho de los despidos y de que además sea en el marco de una universidad nacional ha despertado mucha repercusión y ha generado mucha solidaridad.

Fue fundamental el acercamiento de las chicas con las compañeras textiles y los compañeros de Zanón, quienes tiene experiencia y un compromiso con la lucha obrera Se están acompañando los diferentes sectores en lucha, lo que pone en evidencia que no se trata de un rector loco que despidió a trabajadores sino que se enmarca en una política nacional.

En estos momentos, las trabajadoras de limpieza de la UNCO mantienen las medidas de fuerza; mientras que las obreras textiles, después de más de cuatro meses de toma, se encuentran en un proceso de mediación con la patronal y con el Estado, y evalúan la posibilidad de conformarse como una cooperativa.

Las tomas tienen cara de mujer. Ellas no están solas. Y lo saben muy bien.

“Lo único que tenemos es palabras de agradecimiento para toda la comunidad como para los diferentes sectores de trabajadores que desde el primer momento nos acompañaron. Si no hubiese sido por la solidaridad de clase y de toda la comunidad hoy nosotras no podríamos llevar 4 meses de ocupación. Sin ellos no hubiera sido posible”

(Marina Catilao – Delegada de las Obreras Textil Neuquén)

Contacto de Facebook:



Entrevista realizada Paula Daporta para el programa radial “Lo Menos Pensado”.

(Jueves de 21 a 23 hs por www.radiobarbarie.com.ar)

Las entrevistas completas puede escucharse en:



sábado, 13 de mayo de 2017

Ernesto Ardito: “Estamos viviendo en una sociedad que es una alarma constante”


“La Ciudad de Buenos Aires tiene tres millones de habitantes. El treinta por ciento sufre trastornos de ansiedad. Uno de cada diez padece ataques de pánico. ¿Cuál es el origen?”. Así se presenta “Ataque de Pánico”, el nuevo documental de Ernesto Ardito que se acaba de estrenar en cines y en la plataforma digital CINE.AR con el propósito principal de que las personas agorafóbicas puedan acceder a su apreciación sin limitaciones.

Ardito nació en Buenos Aires en 1972 y es cineasta, director y escritor de documentales como “Raymundo”, en el cual abarca la figura del cineasta argentino Raymundo Gleyzer, secuestrado y asesinado durante la última dictadura cívica-eclesiástica-militar, y la serie de “Memoria Iluminada”, conocida mayormente por su difusión en Canal Encuentro, aunque quizás la mejor forma de definirlo sea a través de la categorización de ‘realizador integral’, ya que, por ejemplo, en su último trabajo dividen con Virna Molina -su compañera creativa y laboral- las tareas de dirección, guión, producción, animaciones, música original, cámara, sonido y montaje.

“Ataque de Pánico” es un ensayo documental donde se estudia esta enfermedad desde una perspectiva biológica, psicológica y sociológica. Lo Menos Pensado conversó con su autor sobre éste y también, necesariamente, sobre los acontecimientos que rodean al Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) y a la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (ENERC).

 ¿Cómo surge la idea de hacer un documental sobre los ataques de pánico? ¿Cuál fue tu objetivo desde el principio?

En principio, estamos en un marco donde, hablando estadísticamente, un diez por ciento de la sociedad sufre ataques de pánico, y un treinta por ciento, trastornos de ansiedad, y justamente esto se incrementó muchísimo en los últimos tiempos. La búsqueda del documental era plantear cuál era el origen de por qué sucedía esto y a partir de ahí es que la investigación arrojó una multicausalidad que no solamente tiene que ver con el factor individual.

El ataque de pánico es un trastorno que es una sensación de una muerte inminente que te puede agarrar en cualquier lugar y en cualquier momento, generalmente en el menos pensado, donde te empieza a faltar el aire, te da taquicardia. Y a partir de ahí, la gente que lo sufre empieza a evitar los lugares en donde le pasó. Empieza un círculo vicioso de miedo al miedo, en donde ya la gente empieza a dejar de salir y se da un efecto que se llama “agorafobia”, que es la imposibilidad de salir directamente al exterior. Todo esto se incrementó mucho en los últimos tiempos, y no solamente tiene que ver con lo personal, como te decía, quizás ahondando en traumas de la infancia o en la personalidad de cada uno, sino también en el tipo de sociedad en la que vivimos. Estamos viviendo en una sociedad que es una alarma constante, y eso es un estresor que va afectando al sistema nervioso.

Hace poco leí en una entrevista que decías que lo que más te afectaba cuando sufrías ataques de pánico era la desinformación de la sociedad. ¿Creés que actualmente hay más información al respecto?

Bueno, vos me preguntabas por las causas, y una es que yo también fui padeciente de ataques de pánico, de trastornos de ansiedad, y justamente tenía que ver con eso. El hecho de que aumentó tanto en estos últimos tiempos hizo que empezara a circular un poco más de información, pero realmente el que la sufría, al que le pasaba eso en la década del noventa, ochenta, y mucho más en décadas anteriores, realmente era un suplicio porque no se sabía diagnosticar muy bien. Si caías en un diagnóstico falso, eso hacía que directamente se empezara a deteriorar el sistema nervioso y la salud mental. Mucha gente terminó internada, o con electroshock.

Acá, por ejemplo, en el caso argentino, mucho tiene que ver con la coyuntura. A partir del 2001, donde hubo una crisis económica y política muy grande, aumentaron muchísimo los casos de ataques de pánico, y hasta en las guardias de los hospitales o cualquier médico clínico te lo puede diagnosticar. Muchos testimonios que hay en la película cuentan también de ese sufrimiento. Era una pesadilla porque, primero, el trastorno mental está mal visto, y después, no sabías cómo explicarle a otra persona que no lo veía como una enfermedad física y que veía que vos estabas imposibilitado de actuar normalmente, y a partir de ahí es que también se generaba un sistema de angustia y soledad que hasta potenciaba el mismo trastorno.

Se utiliza el miedo como mecanismo de control social


Decías que los trastornos mentales no están bien vistos. Al haber más información, ¿creés que se redujo, aunque sea en parte, la estigmatización?

Mirá, yo creo que lo que se redujo más que todo tiene que ver con la gente que te quiere, en cierta manera. Pero en ámbitos, digamos, más competitivos, como puede ser el laboral, o en otro tipo de situaciones sociales, yo creo que no, que se corre con la misma suerte. Creo que, justamente, tiene que ver con esto que te estoy diciendo. En un ámbito laboral competitivo, donde se potencia el individualismo, donde el otro puede ser el enemigo más cercano, eso también genera el trastorno. Y a la vez es un círculo vicioso porque en ese núcleo social vos tampoco podés exteriorizar lo que te está pasando. Generalmente se exige de una persona que no sea frágil, y cuando una persona se vuelve frágil, o ese cristal estalla, esa vulnerabilidad, el que la sufre, la termina negando, se termina aislando y no lo termina comunicando, porque justamente eso es lo que no está bien visto en una sociedad competitiva.

Se produce la paradoja de que actualmente hay más información sobre la enfermedad y al mismo tiempo los elementos sociales que la causan se intensifican cada vez más.

No sólo que se intensifican, sino que son la causa. Por ejemplo, el cuerpo tiene un sistema de alarma que funciona normalmente en una situación de peligro. Es decir, cuando hay un ataque de un animal o un robo, el cuerpo reacciona para atacar o huir. Con el estímulo de una sociedad que está en constante alarma, ese sistema interno empieza a fallar, porque es como que siempre está en constante peligro y esa alarma no es real, porque es virtual.

¿A qué llamo yo esa “alarma constante”? Por ejemplo, el desarrollo de la tecnología hace que las noticias estén circulando todo el tiempo, con inmediatez y en cualquier lugar. Sucede un terremoto en Japón y nosotros estamos con el celular al lado de la cama y lo primero que hacemos cuando nos levantamos es abrirlo y vemos eso. Sentimos que ese peligro es próximo y el cuerpo no lo llega a procesar, lo vive como que nosotros también podemos ser víctimas de ese peligro. Éste es un ejemplo muy chiquito y es una sumatoria. Por eso digo que es multicausalidad en un montón de temas. El modo en que se da una noticia a través de la cultura del miedo. Desde la caída de las Torres Gemelas en adelante, se utiliza el miedo como mecanismo de control social y como mecanismo de ir forjando también la opinión pública de acuerdo al interés de un multimedio o de la coyuntura política. Eso también va afectando al sistema nervioso. Es decir, si yo estoy en mi casa y lo que recibo todo el tiempo es que “hay robos, hay robos” a través de la televisión, o a través del celular... O sea, no es una situación normal para la psiquis humana.

Venimos del siglo XIX, del XX, que fueron una tragedia constante partiendo de la Primera Guerra y de la Segunda, pero el ser humano quizás vivía en aldeas aisladas donde había una tragedia cada tanto, una situación límite cada tanto, y vos lo podías procesar. Pero cuando eso es constante, y en realidad no sucede, y vos estás como a punto de que puede llegar a suceder algo y no sucede, eso genera una crisis del sistema de alarma y una crisis mental.

Lo que sucede, más que todo, tiene que ver con la respuesta, con la consecuencia de cuando esto es colectivo. Cuando hay una gran cantidad de personas que están sufriendo lo mismo, ¿qué es lo que pasa con la sociedad? Un poco de eso es de lo que habla “Ataque de Pánico”. Empieza como una película que, aparentemente, es científica, testimonial, sobre los ataques de pánico, y termina siendo una película sumamente social, aunque después termina con que la solución, en cierta manera, tiene que ver con el vínculo humano más cercano.


“La solución, en cierta manera, tiene que ver con el vínculo humano más cercano”


¿Cómo planteaste el compromiso con el público? ¿De la misma forma que en otros proyectos o sabiendo que sería especial dado el tema en cuestión y que vos también lo experimentaste?

En principio, la película es de terror en cuanto a los recursos cinematográficos. Es decir, es una película pensada como para que aquel que no sufre de ataques de pánico pueda ingresar a la subjetividad de aquel que sí lo sufre para poder comprenderlo. Tanto desde los recursos cinematográficos, a partir de un lenguaje más sensorial, poético, ¿no? O sea, no es una película informativa, no es una película clásica de ‘cabezas parlantes’. Ese recurso estético pensó o tuvo en cuenta muchísimo al espectador. Es una película muy fuerte para ver, sobre todo en el cine, que, entre el trabajo del sonido y la imagen, es bastante movilizante.

¿Cómo lograste plasmar en el lenguaje cinematográfico esta subjetividad que mencionás? ¿Cómo fue el proceso artístico?

Yo vengo trabajando muchísimo también lo que es el aspecto óptico, es decir, con las lentes fotográficas. A partir de ese universo hasta fantasmal y a la vez asfixiante que puede generar entre los planos detalle, la imagen fantasmal, y a partir del montaje, que va generando toda esa violencia, es donde uno va ingresando a ese momento. También las imágenes de archivo que van apareciendo o que van recibiendo desde el mismo relato de aquel que sufrió ataques de pánico, por ejemplo, hablando del 2001, ese montaje tiene mucho que ver con la percepción de aquel que iba viendo esa realidad argentina que iba sucediendo. Es decir, esa imagen no está puesta desde un punto de vista más periodístico o informativo, sino justamente desde esa violencia, esa fragilidad y de esa subjetividad de aquel que lo estaba viendo y que estaba somatizando un ataque de pánico.

Cambiando un poco de tema, yéndonos de lo que es el nuevo documental, ¿podrías explicar el concepto de ‘realización integral’ que caracteriza a tu obra junto a la de Virna Molina?

Sí, eso lo aplicamos mucho para el cine documental. Para la ficción quizás es diferente, porque la realización integral tiene que ver, más que todo, con que el mismo director también se encarga del montaje, de la cámara, de la fotografía, del sonido. Nosotros, los realizadores integrales, lo vemos como un trabajo de la misma manera que un pintor se encuentra con su obra, es decir, de un trabajo en soledad pero por capas. Primero, uno establece una base, que es el guión. A partir de ahí va buscando a través de la imagen, y uno termina montando la misma imagen y a la vez termina filmando, y a la vez uno también va montando, y el sonido siempre es el cincuenta por ciento. El valor narrativo del sonido no solamente es descriptivo e informativo: narra expresivamente de la misma manera que la imagen. Todo eso es como un magma que se va logrando a través de si uno controla o trabaja tanto la masterización final del montaje, como la primera etapa del guión, o el proceso interno de la cámara. Quizás hasta el mismo cerebro, en forma creativa, funcione de otra manera que con la división de roles, si bien es muy creativa en ciertos aspectos. Pero quizás uno termina llegando a otros lugares en cuanto a lo creativo.

Y te da también mucha más independencia artística, por más que implique también más trabajo.

Claro, eso también tiene mucho que ver con la independencia productiva. De todas maneras, nosotros, por ejemplo, trabajamos mucho haciendo series para Canal Encuentro, donde uno piensa ‘bueno, trabajás para la televisión’, es como que tenés la figura de un productor de televisión todo el tiempo atrás tuyo y capaz no podés desarrollarte creativamente, pero la verdad que fue una contradicción, porque nos dieron la libertad para poder trabajar de esa manera y gracias a eso pudimos explorar figuras como la de Cortázar o la de Borges. Justamente, te permite trabajar universos muy internos como los de los escritores, la literatura. La ruptura más grande la hicimos cuando trabajamos con Pizarnik, que era un universo muy rico pero hacia adentro y entonces tenías que trabajar todo lo que era la poesía y la filosofía de Alejandra, si bien era un trabajo de introspección, de poder generar una vinculación directa, sin fronteras, entre el resultado de la imagen y la poesía de Alejandra Pizarnik, y eso se genera también con un estado de soledad y creación, de estar dándole vueltas siempre sobre lo mismo, que quizás en un esquema más industrial de división de roles, o de plantear horarios de rodaje y demás, eso se va perdiendo muchísimo. 


“Cualquier modelo neoliberal, lo primero que hace es recortar valores como la cultura, y hacia ahí se quería ir”


¿Cómo estás viviendo, desde lo personal, todo lo que está sucediendo en relación al INCAA?

Desde lo personal te puedo decir que creo que ya se sabe lo que pasó, que a partir de una denuncia en un programa bizarro de que había corrupción en el INCAA y demás, se tomó la decisión desde el gobierno de querer intervenir el instituto de cine. Intervenirlo no significa simplemente que vaya un comité a ver qué está pasando, sino que se paraliza, en principio, la producción, porque se paralizan todos los expedientes, o sea que las películas se van haciendo muy de a poco, y se hubieran frenado rodajes, coproducciones. Por otro lado, también se habrían recortado todos los concursos que hubieran salido. Eso significa, directamente, que se paralizaba el cine nacional.

La respuesta que tuvo el sector del cine nacional, en forma unánime, automática y rápida, creo que es lo que hizo que frenara, en principio, esta primera estocada que se le quería dar al cine. Cualquier modelo neoliberal, lo primero que hace es recortar valores como la cultura, y hacia ahí se quería ir. La verdad que estoy un poco contento también por la unidad que se dio de la gente de cine que salió, y también porque se pudo comunicar qué era lo que estaba sucediendo a la comunidad, que a veces es bastante difícil. Igual estamos en un estado de alarma constante. Acá, en el BAFICI, por ejemplo, se estuvieron presentando muchas películas argentinas, y lo que se hace es hablar con el público, explicarles qué es lo que está pasando, y el espectador de cine nacional comprende y a partir de ahí es donde, realmente, no estamos aislados. Somos parte de todos.

¿Cómo se financia el INCAA?

El INCAA es autárquico. No se financia, por ejemplo, del impuesto de la gente, de la salud o de la educación. Un porcentaje de las películas extranjeras que se estrenan en la Argentina comprenden un impuesto, el cual va al instituto de cine. Por ejemplo, cuando alguien dice una mala palabra en televisión, fuera de lugar, genera una multa que también va al cine nacional. También los multimedios, o los sistemas de cable como DirecTV y Cablevisión, y todos los sistemas audiovisuales, pagan un impuesto al cine nacional. Es decir que la misma industria es la que se va generando sus propios ingresos. Y a la vez, del valor de la entrada que compra un espectador de cine nacional, va otro impuesto al INCAA. O sea que la producción nacional se financia con producción nacional.

Sabemos a través de los medios de comunicación hegemónicos qué es lo que dicen desde el Gobierno, pero ¿qué es concretamente lo que están haciendo o quieren hacer?

Concretamente, en principio, lo que se llama ‘subejecución de presupuesto’. Es decir, el instituto de cine tiene un presupuesto asignado anualmente, pero que si vos empezás a frenar la circulación de expedientes, la circulación de cuotas... Digamos, el cine argentino se financia por cuotas: si yo voy a filmar una película tengo una cuota para trabajar la preproducción, otra para el rodaje, otra para la posproducción. O si no, también, bajo un sistema de créditos, de que yo pido un crédito y me puede adelantar ese crédito el INCAA, o si no yo puedo financiar la película y después la cobro cuando estreno. Depende de cómo uno encare el proyecto. Pero subejecutar el presupuesto significa que voy pateando el pago de cuotas y eso va quedando para otro año, y entonces ese año se invirtió menos en lo que es cine nacional. Con el tema de la intervención, por ejemplo, significa que si hoy intervienen el INCAA, toda la circulación de cuotas y expedientes se frena durante seis u ocho meses. Eso significa que a partir de octubre o noviembre se empezaría a mover el INCAA, por lo que este año estaría paralizado. Ése es otro modo de subejecutar presupuesto. Eso se desarrolla también en muchas áreas, en áreas en que no le conviene a este gobierno invertir dinero.

Para finalizar, ¿nos contás brevemente acerca del nuevo proyecto?

En octubre estamos estrenando nuestra ópera prima de ficción, que se llama “Sinfonía para Ana”, que trata de una historia de amor en el marco de los chicos desaparecidos del Colegio Nacional de Buenos Aires en el año 76, y la película se desarrolla principalmente en el año anterior, en el 75.


Entrevista realizada el 27/04/2017 por Alejandro Di Donato para el programa radial “Lo Menos Pensado”.

(Jueves de 21 a 23 hs por www.radiobarbarie.com.ar)


domingo, 2 de abril de 2017

27 de mayo


A Claudio Rodríguez

De Jorgito siempre me acuerdo los días de otoño. Además de cada abril. Aunque abril sea otoño.
Nos conocimos una tarde en la plaza, a los seis, entre juegos de la infancia ininteligibles pero perfectamente comprensibles. Los dos éramos clase 62. Los dos transcurríamos los días en una localidad perdida, casi resguardada, del oeste del Conurbano Bonaerense.
-Mi nombre es Jorge Soriano, ¿vos cómo te llamás? –me había preguntado aquella tardecita de sol suave pero frío de otoño. Es que el destino nos había juntado, así, sorpresivamente. A veces sentía que todo estaba planificado de antemano entre nosotros. Coincidimos en clase, en juegos, en escuela. (En lo demás, no llegaríamos a coincidir lo suficiente)
El primero de abril nos llegó la notificación. Viajamos juntos, naturalmente. Ambos pertenecíamos al Regimiento 6 de La Tablada. Íbamos para Río Gallegos a esperar órdenes. Nos apostamos allí, en medio de esa inmensa confusión generalizada, hasta el martes 13 de abril, cuando salimos hacia Puerto Argentino. Jorgito quedó en la División C. Mi suerte dijo “A”. Estábamos en la misma línea de combate, de todas maneras. No podíamos no coincidir, ya. El destino siempre sabe cómo obra. 
Allá lejos, en el tiempo y el espacio, era el frío. Un frío de mierda, desolador. Húmedo. Oscuro. Teníamos que cavar trincheras de ochenta centímetros de profundidad. Apenas empezábamos, el suelo se llenaba de agua turbia, aceitosa, que brotaba de entre la tierra y las piedras. Convinimos en cavar cincuenta, y levantar un alero de treinta centímetros por sobre nuestra cabeza.
Los días y las noches transcurrían sin distinguirse, allá. Los estruendos insoportables y la alarma de la alerta roja se fundían con el ruido de las olas y el silbido incesante del viento. La estepa austral siempre parecía calma. Sólo se veían ovejas, a lo lejos. (Hubo dos, en otro regimiento, que se pegaron un tiro en el pie para volver al continente. Con Jorgito nos mirábamos y casi que nos reíamos, del cagazo)
Estábamos juntos ahí también, como jugando en aquellas tardes de sol suave de otoño en el oeste.
-¡Cuídense entre ustedes, soldados. Cuídense entre ustedes, que tienen toda la vida por delante, carajo! –pasaba gritando día por medio el suboficial Giménez, que nos puteaba pero nos quería.
Cuando coincidíamos en la guardia con Jorgito (era esporádico, fueron unas tres veces en esos casi dos meses) tratábamos de buscarle una explicación. No a lo de coincidir. A todo el resto. A las bombas, a las muertes. Al sufrimiento. Al frío. Al dolor.
-¿Y  para qué, Claudio? –me llegó a preguntar Jorgito una madrugada helada que no sentía los pies dentro de la humedad de los borceguíes empapados, mientras disparaba el fusil en falso para que no se le congelara el mecanismo.
Y nadie sabía para qué. Nadie lo sabe, aún.
Lo que más fuerza nos daba era recibir cartas. A eso no había con qué darle. La pasión es la pasión. Podía faltar la comida (empezó a faltar la comida a partir del primero de mayo, cuando empezó el bloqueo aéreo británico), pero no las cartas. Las escribía la familia, o alumnos de la escuela primaria, en su mayoría.
Un par de veces me pudo la sensibilidad y le regalé mi carta a algún soldado correntino que venía de por ahí arriba, y estaba solo en el medio de la nada. Como yo, pero más.
Yo había coincidido con Jorgito.

Una mañana nos llegó que un grupo de gurkas liquidó a cuarenta, cincuenta de los nuestros. Los que estaban de guardia se quedaron dormidos, víctimas del síndrome del sueño blanco (sucede a menudo cuando la mente se pone en blanco, ayudada por el frío extremo y el color del paisaje a causa de la nieve). Para montar la guardia, de noche, armábamos como una especie de herradura, y en cada extremo había un par de soldados haciendo guardia, que iban cambiando cada dos horas. Los que estaban en el medio aprovechaban para dormir. Pero esta vez se durmieron los puntas de guardia y los cagaron matando a todos. Dormidos.
Por eso nos gustaba montar guardia con Jorgito. No nos iba a pasar. Teníamos de qué hablar. Teníamos qué recordar. Los recuerdos transcurrían y se mezclaban con el presente. Y por ahí te olvidabas de que un compañero tuyo había muerto en tus brazos hacía un par de días, y que tenías que dejarlo recostado sobre el campo de batalla, muerto de la más horrible muerte, cerrarle los ojos y seguir corriendo para tomar la posición enemiga en esa maldita carrera por la supervivencia.
Una sola vez en casi setenta días pude bañarme. El 27 de mayo. Nos llevaron a todo el Regimiento 6. “Tablada”, nos decían cariñosamente los oficiales.
Fuimos llevados a un tinglado gigante, cerca del pueblo, donde bañan a las ovejas antes de esquilarlas, para sacarles los vellones de pelo enredado y que la lana quede limpia. La única diferencia era que nosotros no éramos ovejas.
(Nos hubiera gustado serlo, en realidad, para tener toda esa lana encima, recubriéndonos, y no re cagarnos de frío cuando abrieran los caños de bombeo y nos castigaran los chorros hirientes de agua helada, con una temperatura exterior que no superaba los diez grados bajo cero)
En ese bañito gélido y fugaz descubrí mi nuevo cuerpo. Descubrí lo que después, al final de toda aquella locura, serían quince kilos menos. Descubrí también un principio de “pie de trinchera” en mi extremidad derecha.
El pie de trinchera aparecía cuando, por el frío y el agua constante de la trinchera, los dedos del pie empezaban a congelarse, y posteriormente a gangrenarse. Se iban poniendo negros. Hubo varios en nuestro regimiento que fueron amputados por el pie de trinchera no descubierto a tiempo.
-¡Esta tarde sin falta va a la Enfermería, Soldado! –me había dicho gritando el oficial Giménez, mientras me secaba entre los dedos y me los masajeaba para calentarlos.
Y así fue. Volvimos a la trinchera. Más cagados de frío que cuando llegamos al tinglado. Pero limpios. De cuerpo, al menos. Unos cuantos estruendos más tarde, me vinieron a buscar para ir a la Enfermería.
-¡Suerte con eso, hermanito. Si te mandan de nuevo para el continente, saludame a la vieja! –me gritó Jorgito, casi sonriendo y levantando un brazo desde su posición, dentro de la trinchera.
(“Suerte vos, que te quedás en este infierno de fuego”, pensé sin llegar a decirle. A gritarle.)
Llegué a la Enfermería. Me senté. Había una radio encendida. Poca luz. Mucho olor a tabaco. Estaba anocheciendo con una lentitud insoportable. Me ofrecieron un cigarrillo, que naturalmente acepté. 555. Eran cigarros ingleses. Pero nos importaba un carajo. A esa altura, todo nos importaba un carajo. Pasó más de una hora hasta que la enfermera se acercó (Había cinco mujeres en Malvinas. Tres enfermeras y dos doctoras. Cuando se produjo la rendición, les ofrecieron llevarlas en avión al continente. Se negaron. Volvieron en barco con los heridos). Miró mi pie. Lo revisó. Me tranquilizó que me asegurara que no tenían que amputar. Me puso calor, me inyectó y me pidió que me calzara de nuevo. Tenía que volver a la trinchera, oí que le dijo un suboficial que rondaba por ahí. Estábamos ganando posición en Puerto Argentino. Esa noche era decisiva.

(Esa noche sería decisiva.)

Terminaba de calzarme cuando escuché las alarmas de la alerta roja y el ruido de la puerta principal de enfermería. Empuñé el fusil (que llevaba a todos lados) por instinto. No pasó nada. Falsa alarma. Como tantas. Difícilmente distinguíamos el verdadero peligro, a esa altura.
Pero a mí me pasaba que lo sentía en el cuerpo, en el cuero,  como una incomodidad sensorial.

Esa noche se había puesto oscura de golpe.

Venían caminando por el pasillo, a lo lejos, dos suboficiales trayendo un fuentón, cubierto por un poncho. (A veces, el fuentón de teflón en el que se preparaba la comida para todo el regimiento se utilizaba para trasladar un cuerpo mutilado, o irreconocible)
-¿Puta madre, otra baja? –les pregunté mezcla de curiosidad, cortesía y amargura profunda, rozando con la mano, casi como una despedida entrañable, el poncho que resguardaba el oprobio físico.

-Un soldado. O lo que queda de él –me respondió uno de ellos, sin dejar de caminar-, pisó mal en un campo minado mientras ganábamos posición.

El frío helado, como una ventisca, me recorrió el cuerpo por debajo del uniforme.

(No pude no acordarme de su sonrisa y de su mano en alto)

-Era del Regimiento 6, División C. Jorge Soriano. Una lástima. Buen pibe. Por ahí lo conocías –agregó el otro suboficial, sin dejar, tampoco, de caminar, cansino, cargando el fuentón.

                                                                                                          Facundo Di Cuollo

domingo, 12 de febrero de 2017

De tortazos y tetazos



En septiembre de 2016, dos mujeres fueron discriminadas “por lesbianas” en el Café La Biela (Recoleta) y expulsadas del lugar. Un encargado se excusó afirmando: “con una pareja normal hubiéramos hecho lo mismo”. Las palabras “expulsión” y “exclusión” se entraman. La respuesta del colectivo LGBTI, de las organizaciones de Derechos Humanos, así como también de una gran cantidad de autoconvocadxs, no tardó en hacerse oír -y ver-. El lunes 5 de septiembre hubo "tortazo" en La Biela. Hubo quienes se manifestaron a favor y en contra de la manifestación. Pocxs se llamaron a silencio.

Acá estamos, otra vez, en el punto de partida. Necochea, enero 2017. Policías y civiles hicieron "un llamado a la moral" a tres mujeres que tomaban sol en la playa sin la parte de arriba de la bikini. Las palabras “moral” y “normal” se entraman nuevamente en discursos internalizados. Las respuesta fue el llamado a #Tetazos por todo el país. El punto cúlmine, a donde sí llegan todas las cámaras, fue en el Obelisco. La figura de un patrullero “tomado” por las pibas, se llevó más miradas y reflexiones que todo lo demás. Hubo quienes se manifestaron a favor y en contra. Pocxs se llamaron a silencio.

Tanto en una imagen como en la otra, el llamado a silencio es sumamente relativo. El silencio siempre es políticamente correcto, así como estos reclamos parecieran políticamente incorrectos. Pero, ¿qué es lo que se juega con los a favor y con los en contra?

Representaciones de lo que debemos ser y hacer, en este caso como mujeres.

Los últimos dos años vienen siendo altamente movilizadores. Allá por 2015, la primera marcha de #NiUnaMenos, en junio, dio propulsión para lo que fue el multitudinario Encuentro de Mujeres en Mar del Plata ese mismo año. Sumado al Encuentro de Rosario, en 2016. Y el primer paro de mujeres, con "la marcha de los paraguas”, el pasado 19 de octubre. Esto y aquello no solo logró “ponernos en agenda”, colándonos por los medios hegemónicos, sino también -y sobre todas la cosas- consiguió ponernos en nuestra propia agenda. Nos fuimos permitiendo pensarnos a nosotras mismas. Aun cuando incomodara, aun cuando no se tuvieran ganas. Aun cuando se repudiasen las consignas, aun cuando se sintiera que todo esto en nada nos representa. No hay linealidad. Por momentos todo se vuelve confuso. Porque, más allá de las discusiones, nos estamos repensando. Aún aquellas que sienten que no, que nada tiene que ver con ellas.

A la consigna de lucha por nuestras vidas y libertades, que nadie pareciera poder rebatir, se suman otras consignas vinculadas al poder de decisión de nuestros cuerpos: ya sea en torno del aborto o del reclamo de derechos de la comunidad LGBTI.

Lo políticamente correcto se mezcla con lo que parecería no serlo para el “buen” sentido común imperante.

Mujeres que por primera vez salen a reclamar sus derechos, a partir del reclamo por nada más y nada menos que la propia vida, se mezclan con movimientos históricos feministas que les hablan de patriarcado. El silencio de unas en una marcha con pancartas en mano y la necesidad de hacerse ver y de copar las calles, se cruza con patrulleros tomados o paredes pintadas en otras esquinas.

Voces autorizadas desde la militancia, la academia o el quehacer doméstico, se viralizan para decir su verdad. Para afirmarse a sí mismas desde sus propias afirmaciones.

Algunas con más manejo de conceptos, otras con las inquietudes de la lucha, otras con sus aquello que la vida les enseñó. Todas tienen algo que decir. Incluso las que nada dicen. Incluso las que se quedan en sus casas.

Algo se está poniendo en juego todo el tiempo. En primera instancia nuestra vida, claro. Pero hay algo más en el plano discursivo. Cuando se preguntan ¿Por qué #NiUnaMenos y no #NadieMenos?; cuando dudamos si los hombres pueden o no acompañarnos en nuestros reclamos; cuando se cuestiona o se abraza la “esencia” maternal de nuestros cuerpos o se reafirman nuestros deseos y orientaciones sexuales. Por allí dirán “la teta que molesta es la que no se vende”, y por acá “buscá otra excusa para estar en tetas, luchá por el cáncer de mama”.

En ese ida y vuelta, lo que se da es la construcción de nuestras propias representaciones. Lo tragicómico parecería ser que no tenemos que pararnos contra los hombres para afirmarnos, sino frente y entre nosotras mismas.

¿Herencia que el patriarcado nos dejó, o potencial para pensarnos en la pluralidad?

El ser mujer (sólo como una manera de decir, por nombrarnos de alguna forma) es una representación de lo que parecería que tenemos que ser y hacer. Pero no sólo es eso, sino también -y fundamentalmente- el proceso por el que esa representación va tomando forma. Ser mujer es el proceso mediante el cual vamos pensando en cómo debemos serlo y hacerlo. Pocos momentos como los que corren- funcionaron como tan claro ejemplo de esta afirmación.

En este sentido, la toma de conciencia sobre lo social y sus consecuentes relaciones de poder que atraviesan el ser mujer, no se puede pensar "desde afuera". Es decir, se vuelve ilusorio pensar el ser mujer (criticar es efecto), por fuera de nuestra corporalidad y las relaciones sociales (“de producción”, podríamos agregar) que nos atraviesan. Aun cuando intentamos destejer los hilos que nos enmarañan, no podemos levitar sobre ellos.

Podemos pensar que el género como proceso del efecto del ser mujer es también una auto-representación. Al tiempo que vamos siendo mujeres en este proceso, nos representamos a nosotras mismas.[1]

La masificación de las convocatorias, ya sean marchas o los encuentros de mujeres, deberían abrirnos las puertas a nuevos interrogantes dentro de los feminismos, que lejos de plantear nuevas fracciones nos potencien en nuevas expectativas pero sobre todo tolerancias a nuestras diversas, complejas y contradictorias formas de ser mujer.

De tortazos y tetazos venimos debatiendo. Mientras tanto nos siguen matando.

Una cada 30 hs. Sin importar si anda en tetas o si es torta.

Dicen que el próximo 8 de Marzo haremos temblar la tierra. Para eso necesitamos a las que están a favor y las que están en contra. Sobre todo a las que se quedan en silencio.

Para seguir pensándonos. Para seguir poniéndonos en agendas ajenas pero sobre todo propias. Para seguir siendo. Vivas y Libres.

Las de Tortazos y las de Tetazos. Y todas las demás.


martes, 31 de enero de 2017

Matías Llonco Huala:"Hemos generado un tipo de presión popular para responsabilizar a quien comandó la operación de represión"

Buenos días, Matías, nos encontramos en manifestación frente a la oficina de abigeato de El Maitén, ¿qué situación nos reúne hoy aquí?

Matías Llonco Huala: -Buenos días, aquí estamos, en El Maitén, a las puertas de la División Seguridad Rural, intentando, en un principio, lo que ya se venía esperando, la restitución de los caballos a los diferentes dueños. Todos aquellos caballos que se llevaron secuestrados el día 10 de enero pertenecen a las diferentes lof de Resistencia de Departamento de Cushamen, y algunas que otras comunidades también que les han llevado sus caballos por un tema de sobrepastoreo o por no tener lugar. Lo último que hemos sabido de los animales es que estaban en malas condiciones, muy flacos, mal alimentados, esa fue una de las razones para la devolución de los caballos, tampoco tenían argumentos para dejarlos secuestrados. El juez firmó la restitución de los animales, después de que el fiscal Díaz Meyer ha pedido la nulidad de la restitución de los caballos alegando que los necesitaban para unas presuntas pericias en los vasos de los caballos, pero no le dieron lugar porque a medida que el tiempo vaya pasando, los vasos de los caballos van creciendo, entonces eso hace que sea algo ilógico. En momentos más estará llegando el veterinario de la Comunidad, con quien vamos a hacer el ingreso y revisar el estado de los animales. Es bastante preocupante la situación, porque ya se murió una vaca de la comunidad Vuelta del Río el día 22 de enero, y nos notificaron el día 27 del fallecimiento de la vaca, entonces no sabemos qué irá a pasar con los caballos, porque sabemos muy bien que la División Rural, en el transcurso de los días que pasan, pueden inyectar algo a los caballos para que con el pasar del tiempo se terminen muriendo, por eso vamos a ingresar con un veterinario, para poder constatar eso. En caso de que pase algo, va a tener una responsabilidad muy grande el juez que firmó la orden de retención, que fue el juez Colabelli, también será responsable el fiscal Díaz Meyer, y la policía y el Estado provincial.

¿Por qué son importantes estos animales, más allá de su utilidad para el trabajo en el campo?

M.L.H: - Los caballos, además de ser algo fundamental en el campo, nosotros también los utilizamos para nuestras ceremonias, ellos también son parte de los trabajos que a nosotros nos toca realizar como mapuches en el territorio, son parte también de nuestra espiritualidad, esa es la importancia que nosotros les estamos dando a estos animales, no los vemos sólo como un recurso para labrar la tierra o para salir a recorrer el campo, sino que también lo vemos como algo más profundo que es un contacto espiritual con ellos. Esto mucha gente no lo comprenderá, desde un pensamiento occidental se ve al caballo sólo como un animal, pero para nosotros tienen esos beneficios espirituales, esos fines ceremoniales.

¿Qué debemos esperar ahora en El Maitén para que finalmente se produzca la entrega de los animales?

M.L.H: - En cuanto llegue el veterinario, se hará el ingreso correspondiente, no hace falta firmar ningún papel más, es ingresar, verificar el estado en el cual nos los han devuelto, tanto de alimentación como en lo físico general.

También hubo otras manifestaciones en los tribunales de Esquel y en los tribunales de justicia de Rawson, ¿cómo deben comprenderse en el marco de lo que sucedió?


M.L.H: - Hemos generado un tipo de presión popular para responsabilizar a quien comandó la operación de represión y a quien la ejecutó también, esto se debe a una campaña mediática y política que ha hecho el gobernador contra nosotros, que hasta el día de hoy –aunque bajó un poco la intensidad- la sigue continuando, pero la gente se ha manifestado en apoyo desde diferentes lugares del territorio nacional.

sábado, 28 de enero de 2017

La Paz: la mejor capital de Sudamérica



“La Paz te va a encantar, es la mejor capital de Sudamérica”, me dijeron antes de salir de viaje, entre tantos otros comentarios de desaciertos y de atinos que sobrevuelan la previa de cada nueva travesía. Otros me sugirieron que era “un viaje ideológico”, que “al Che se convirtió en el Che cuando conoció Bolivia”. El concepto de “viaje ideológico” no puede más que ser una inefable certeza. Aquí, allá y en todas partes, uno viaja con sus ideas a cuestas, hacia la idea de un nuevo lugar, un nuevo destino. Un nuevo mundo. O un nuevo pedazo de mundo que ensanche el mundo anterior.

La escala en Santa Cruz de la Sierra no me permitió conocer –todavía- al enemigo tan temido (que, luego comprendería, es todo menos “enemigo”; es la pausa necesaria, el “aviso” de que en el altiplano las cosas suceden de otra manera, en otro tiempo): el sorojchi.

El sorojchi (o “mal de altura”, para la mayoría de los viajeros), es indefinible. Aunque técnicamente podría ser definido como “malestar que se siente a grandes alturas en las cordilleras por la falta de oxígeno y que se manifiesta con mareos, bajada de presión, dolor de cabeza o trastornos respiratorios”, en la vida real es otra cosa. Puede sentirse como los intensos y últimos suspiros de una resaca de cerveza mala. O como una migraña dulce, persistente, impiadosa. O, finalmente, como una pareja de juguetones rinocerontes que danzan sobre la base del cráneo, hasta que se aburren y deciden migrar para danzar sobre el estómago, y quien sabe sino aparearse, también. Cuando ese potencial coito concluye, vuelven a danzar sobre la cabeza del damnificado. Y así sucesivamente, hasta que sin previo aviso, la danza desaparece.

Recordé, en aquellos momentos de padecimiento lento, un viejo dicho popular británico: “easy come, easy go”, sincronía que me fuera confirmada luego por una chola que cultivaba un trozo de tierra, a los pies del monte Chacaltaya (5.400 m.s.n.m): “el sorojchi viene solo, se va solo. Tiene que descansar. Y esperar”.

Aconsejan también, para mitigarlo, mascar hojas de coca, o tomar “mate de coca”, o mascar caramelos de coca. La Coca es la deidad primera y última de La Paz. O de Bolivia, en general. Esta nación posee la particularidad de tener el mayor porcentaje de población nativa de América Latina (aproximadamente entre el 60 y el 65%, según datos censales del año 2001), lo que le otorga un orgulloso arraigo natural, y la comprensión intrínseca de las creencias ancestrales que suponen a la naturaleza como un todo, como un Ser absoluto representado por la conjunción de los tres reinos vivientes en una armonía plena, oculta. Indescifrable.

La industria farmacéutica también ofrece una solución científica para el sorojchi: las abundantes y ya célebres “sorojchi pills”. Están compuestas por 325 mg de ácido acetilsalicílico, 160 mg de salófeno y 15 mg de cafeína. El efecto dura unas ocho horas, por lo cual se recomienda, transcurrido ese lapso, ingerir otra dosis. Según el prospecto, sorojchi pills ayuda a mejorar la irrigación sanguínea cerebral y aumentar la capacidad respiratoria del individuo”. Se aconseja, como complemento, “comer liviano” y “tomar mucha agua”. “Descansar bien”, en síntesis y como corolario final del tratamiento.
Pero nada de esto acaba por funcionar del todo, por ser una “solución total”, si no logra comprenderse la verdadera naturaleza del secreto que La Paz esconde. Del sorojchi como una prueba necesaria. Como un descenso personal a los infiernos, cuyo fin último sería ingresar en otra dimensión de la existencia, en otra forma de comprensión de la realidad y del mundo circundante.

La Paz es una ciudad enorme. “La Paz es una cuenca”, dicen sus habitantes. Es imposible recorrerla toda en la duración usual de un viaje vacacional promedio (15/20 días). Pero el solo hecho de poder vivirla y conocerla –aunque brevemente-, nos deja con ese sabor a menta dulce en la boca, con esa sensación vívida de resto de sueño maravilloso en la orilla nebulosa del despertar.

Vista desde “el Alto” (“el borde del cuenco”, digámosle), La Paz parece de arcilla. El marrón ladrillo le otorga un goce visual y estático sorprendente. La mayoría de las casas -excepto en las zonas de “el Bajo”- están construidas de ladrillo a la vista, o de ladrillo sin revocar. Podría objetarse a simple vista y desde determinados cánones de Belleza, la “antiestética” terminación. Pero la estructura –lo que importa- es sumamente sólida.

La Paz está densamente poblada (según datos del Censo 2012, el área metropolitana posee 1.8 millones de habitantes, es el centro urbano más importante del altiplano andino). Y parece continuar poblándose a cada momento, en cada nuevo y lento pero periódico despertar.

De camino por “el Bajo”, luego de haberle comentado mis desventuras con el sorojchi juguetón, una guía de turismo me tranquilizó: “acá no vas a tener tanto problema como en el Alto, hay menor altura sobre el nivel del mar, se respira otro aire, hasta las casas son más lindas”. “Y es más caro el nivel de vida, también”- agregó.

En esa “La Paz cuenco”, el borde, “el Alto”, se encuentra a 3.700 m.s.n.m, mientras que “el Bajo” -o la base- a unos 3.200 m.s.n.m. Y como todo cuenco –continuando con la utilización hasta el hartazgo del elegido conglomerado simbólico- comienza por llenarse desde la base, para luego ir creciendo en volumen y derramar –casi utópicamente- su contenido hasta los bordes.

Las rutas montañosas y de tierra o de “mejorado”, a veces dificultan el acceso terrestre. Pero La Paz tiene, desde 2014, la línea de teleféricos más extensa del planeta (10.377 metros de longitud). Se divide en tres rutas, que se identifican, a su vez, con los tres colores de la bandera de Bolivia: verde, amarillo y rojo.

La línea amarilla comunica “el Alto” con “el Bajo”, desde el oeste hacia el centro sur de la ciudad, y desde la estación central Chuqui Apu empalma con la línea verde que conecta con Irpawi, estación elevada en el extremo sur del conurbano paceño. La línea roja transcurre en el extremo noroeste de la ciudad, une la estación central de Tayipi Uta con la de Jach’a Qhathu (esta última, la más cercana al Aeropuerto Internacional de El Alto).

En el trayecto de línea amarilla de teleférico (desde Qhana Pata hasta Chuqui Apu) me acompañaban dos estudiantes en la cabina. Uno le comentaba a la otra que “antes del teleférico era imposible bajar a estudiar a la universidad”, y que “ahora era todo mucho más fácil y rápido”.

En La Paz se destaca constantemente (en carteles, propagandas, ministerios) la noción de “estado plurinacional” (denominación que reconoce la diversidad de naciones dentro del Estado Boliviano, vigente desde el 22 de enero de 2010 y decretada por el gobierno del actual presidente Evo Morales, primer presidente colla en la historia de Bolivia).

La venta en las calles de la ciudad es excesiva, los colectivos pequeños se mueven como electrones irrefrenables a través de una malla de cobre. La gente bebe refrescos con sorbete dentro de una bolsa de plástico. Los bares y restaurantes ofrecen una variedad inconmensurable de posibilidades gastronómicas. Se venden hierbas para todo. Se compran ilusiones, pequeñas alegrías cotidianas. El sol dorado matiza el ocaso cansino.

Va atardeciendo en La Paz, y los autos y la gente se mezclan, se rozan, se esquivan, en una sinfonía inexorable y caótica. Todo sucede como en un gran hormiguero lento y dinámico.

El tiempo se deconstruye, el sorojchi aglutina el tiempo-de-fuera con el tiempo-La-Paz.

Se torna imprescindible la pausa necesaria, el instante de contemplación. Porque en La Paz –más que en cualquier otra ciudad del planeta- la tierra se mezcla con el cielo en una melodía silenciosa.

Debe ser por eso, entonces, que es la mejor capital de Sudamérica.